8 Diferencias increíbles entre México y Japón


Los japoneses se distinguen por ser personas muy educadas, amables, porque siempre tratan de agradarle a la gente, por su tecnología y por comer las cosas más extrañas, pero te has puesto a pensar cuáles son las diferencias que tiene este majestuoso país con nuestro querido México. 



Hoy te contamos las 8 diferencias más increíbles. 



8.- Lo que comen


El alimento de nuestros hermanos asiáticos pareciera ser muy exótico a primera vista, pues comen muchas cosas crudas, pero no solo eso los hace especiales en este tema, los japoneses también se distinguen por crear tendencias. Ellos han sido capaces de alterar la forma de frutas y verduras. A la sandía, por ejemplo, comenzaron a darle forma de un cubo, pues así es mucho más sencilla de transportar. 

Si te pones a pensar seguramente nunca has visto un japonés con sobrepeso, y es que mientras ellos basan su alimentación en el arroz y el marisco los mexicanos abusamos de la tortilla, los carbohidratos y comidas grasosas, por eso no nos debe sorprender que nuestro país sea el primer lugar en obesidad infantil y diabetes.

7.- La Virginidad


En el último sondeo realizado por el Instituto Nacional de la Población y la Seguridad Social en Japón, se llegó a la conclusión de  que más del 40% de hombres y mujeres solteros menores de 34 años nunca han tenido relaciones sexuales en su vida. Todo lo contrario pasa en México, donde la virginidad se pierde aproximadamente a los 18 años con 7 meses, según una encuesta realizada por el diario El Universal. 

6.- No se roban nada


Japón es un país increíblemente seguro para vivir, en donde nadie se roba nada. Las personas pueden dejar sus cosas en cualquier lugar. Su computadora sobre la mesa de un restaurante, su bicicleta afuera del metro, incluso olvidar su cartera en el cine, pues saben que al volver encontraran sus pertenencias en el lugar en el que las dejaron. 

Desgraciadamente esto es algo que no ocurre en México, en donde aplicamos la ley de “el que se fue a la villa perdió su silla”. 

5.- El trabajo


Los japoneses tratan a sus empresas como si fueran una especie de Dios, el japonés es un trabajador de día y de noche, se siente parte de la empresa en donde trabaja. Sabe que esta es la única forma que tiene de salir adelante y obtener una buena forma de vida. Algo un poco diferente de lo que ocurre con los trabajadores mexicanos, quienes en su orden de prioridades su trabajo no aparece. 

4.- En la escuela 


Los jóvenes japoneses que desean estudiar en una buena universidad o colegio llegan a estudiar hasta jornadas de 12 horas al día, pues en este país es bien visto que los alumnos tomen clases particulares después de su jornada de escuela. Y en nuestro país los estudiantes solo dedican un máximo de 7 horas diarias al aprendizaje. 

Además, los alumnos de Japón no hacen exámenes en sus primeros 3 años de escuela. De esta forma los niños no desarrollen miedo al ir a la escuela.

3.- Escándalos políticos 


Siempre que un político japonés se ve envuelto en un escándalo, ya sea de corrupción, pasional, o de índole personal,  al responsable se le exige que renuncie a su cargo inmediatamente. Y es que faltar a sus responsabilidades es una ofensa grave para el país y para todos los ciudadanos. 

Por desgracia, en México solo se crean fiscalías que “supuestamente investigan”, pero que son averiguaciones dirigidas por el compadre, amigo o pariente del acusado. 

2.- El cigarro 


El gobierno japonés se preocupa por la salud de sus ciudadanos y fumar en sus calles está estrictamente prohibido, menos en las áreas designadas. Si te ve la policía te impondrán una costosa multa.

En México puedes fumar prácticamente en cualquier espacio abierto, sin importar el daño que puedes estarle haciendo a la persona de al lado. 

1.- Tirar basura 


Arrojar basura en el suelo no solo es una gran falta de respeto en Japón, también es motivo de una considerable multa, y es por esta razón que sus ciudades se mantienen muy limpias. En México la ley prohibe tirar basura en la calle, pero lamentablemente a la policía parece no importarle, y nuestras calles, pues son un verdadero “cochinero”.

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