Ahora que ya morí, la historia que cambiará tu vida


¿Qué sucede? no entiendo, solo sentí un dolor fuerte en la cabeza, mareos y ahora estoy tan confundido. ¿Qué pasa? ¿por qué mi esposa corre y llora? Qué extraño, toda mi familia y amigos han llegado a casa, el teléfono no deja de sonar…



Dicen que morí, pero no, estoy aquí, por qué ellos no me ven y no puedo abrazarlos. Oh ya veo, están trasladando a alguien en una carroza fúnebre, ¿cómo? ¿qué está pasando? ¡Por Dios! no entiendo nada, soy yo, yo soy quien está en esa caja. Esto no puede estar pasando, ¡yo estaba bien!



Veo a mi familia con gran dolor, todos lloran, pero yo solo veo, ya no siento dolor ni tristeza, es como ser un espectador…


Pasan los días, mi familia regresa a casa sin mí, les he dejado un gran vacío.

Ya alguien ocupa mi puesto de trabajo, mis amigos se ven tristes, pero retoman sus días con normalidad, todo vuelve a ser como antes, corren, atienden llamadas, hacen pagos, envían documentos, firman planillas, en fin, es como si nunca hubiese faltado yo, qué bien, algunos compañeros se acuerdan de mi a ratos y lamentan que ya no esté.


Sin embargo, en mi familia, el vacío persiste, mi esposa llora, está confundida, no sabe qué hacer sin mí, mi hijo pequeño pregunta: ¿Dónde está papá? y mi esposa le responde: en el Cielo. Mi hija mayor acaba de comprender dolorosamente lo que es la muerte, no deja de llorar, no quiere ir a clases, no se puede concentrar, tampoco come. Mi perro se paró en la puerta y de ahí no hay quien lo saque, come, bebe agua y regresa a su puesto de espera. ¡Dios! ¿Qué van a hacer sin mí? el pago de la casa tiene que hacerse, la despensa se agota, los recibos siguen llegando… 

Pasa el tiempo, mi hijo cumple cuatro años y yo no estoy, él se aferra a su mamá, se ha vuelto tímido y retraído, no hay una figura paterna para él, ya papá no está… Es el festival del día del padre en la escuela, mi pequeño está solo y solo observa con sus ojitos llorosos a los otros niños… Mi esposa lo abraza y sin que nuestro hijo se dé cuenta, seca sus lágrimas… 


Mi hija ya de 11 años casi no habla, a veces su mamá la encuentra llorando, bajó mucho las notas y no muestra interés por nada. Ya ni siquiera tiene amigas… 

Ella, mi querida esposa, con toda la carga sobre sus hombros y la responsabilidad de dos hijos pequeños, tiene que sonreír a los niños para darles fortaleza.

Ya pasaron siete años y en nuestra casa todo sigue igual, el vacío y la tristeza continúan… Cuantos los extraño… En la empresa donde trabajaba ya nadie me nombra y todo sigue igual sobre la marcha. Aquel proyecto por el que me desvelé tanto tiempo, por el que pasé semanas enteras en el trabajo, por el que dejé de comer tantas veces con mi familia y por el que falté a los festivales de mi hija es un verdadero éxito y mi jefe ya no recuerda ni siquiera mi apellido.

¿Sabes qué dijo el forense? Que morí por estrés, en mi cerebro se reventó una vena por una fuerte tensión que sufrí cuando me llamaron de mi trabajo y me dijeron que de los 10 camiones que solicite sólo llegaron 7. Después de esa llamada todo acabó...


Ahora me doy cuenta que para la empresa que trabajaba siempre fui solo uno más, completamente reemplazable en cualquier momento, pero que para mi familia era único e irrepetible, para ellos realmente era importante, ellos me amaban y hoy ya no estoy ahí… 

Todos necesitamos un trabajo que nos permita cubrir nuestras necesidades, pero por favor, no te entregues a una empresa, entrégate en cuerpo y alma a tus seres queridos. Abraza a tus hijos, besa a tu esposa, dile a tus padres lo importante que son para ti, llama a tus amigos, no te pierdas los momentos más importantes por vivir esclavizado a un trabajo en donde te ven solo como uno más y en donde a pesar de que hoy te “llaman importante” en unos años no recordarán ni tu rostro. Son ellos, tus seres queridos, a quien de verdad les harás falta y te echarán de menos cuando ya no estés, son ellos quienes darían la vida por ti. Y recuerda, el amor no se muestra con dinero sino con amor, tiempo y detalles.


Adaptación de Texto; Rocío Fernanda Parra

Recomendados
Recomendados