El escalofriante secreto del crucifijo del papa


No cabe duda de que el papa Francisco llegó a revolucionar por completo esta figura en el mundo. Luego de su llegada al Vaticano han sido mucho los cambios que hemos podido observar, tal es el caso del trono papal, mismo que cambió por una silla de madera; se negó a usar la estola roja bordada con oro y se convirtió en el primer Papa en portar un anillo de plata en lugar de oro, además de ser el primer latino en llegar a este importante lugar dentro de la iglesia católica. 



Sin embargo, a pesar de todos estos cambios, lo que verdaderamente causó polémica y atrajo la atención del mundo entero, fue cuando rechazó el crucifijo de oro, mismo que por muchos años ha servido de símbolo papal y todo para portar en su lugar una cruz color plata que esconde un escalofriante secreto sobre su pasado.





El actual papa asegura que dicha cruz lo acompaña desde hace varias décadas y que esta lo ayuda a luchar en contra de los malos pensamientos y no solo eso, el sumo pontífice, también reveló que esta cruz perteneció al Padre José Aristi, de la parroquia del Santísimo Sacramento en Buenos Aires, famoso por confesar en dos ocasiones al Papa Juan Pablo II durante sus visitas a Argentina. 

En aquel tiempo yo era vicario general. Cada mañana iba a ver el fax a ver si había alguna noticia importante. La mañana de Pascua leí un fax del superior de la comunidad. Ayer, media hora antes de la Vigilia Pascual falleció el Padre Aristi, a los 96 años. El funeral será el día tal. Y la mañana de Pascua debía almorzar con los sacerdotes de la casa de reposo, lo hacía habitualmente en Pascua y luego me dije iré a la iglesia. Era una iglesia grande, muy grande, con una cripta bellísima


Cuando el papa llegó a la iglesia se dio cuenta que no había flores para adornar el ataúd de quien había otorgado el perdón a miles de creyentes, así que corrió a una florería cercana para comprar algunas.

Volví y comencé a preparar bien el ataúd, con flores. Y vi el rosario que tenía en la mano… y de pronto se me vino a la mente ¿ese ladrón que todos tenemos dentro, no? y mientras acomodaba las flores tomé la cruz del rosario, y con un poco de fuerza logré arrebatarlo. Desde ese momento lo he guardado y he dicho ‘dame la mitad de tu misericordia’. ¡He sentido una cosa fuerte que me dio el coraje de hacer esto y de hacer esta oración!” confesó Francisco.


Fue en ese momento que el Santo Padre se había convertido en un ladrón, tomando lo que no era suyo, una cruz que hasta la fecha lo ha ayudado a continuar su camino y convertirse en un Papa ejemplar.


Luego, esa cruz la puse aquí, en el bolsillo. Las camisas del Papa no tienen bolsillo, pero yo siempre llevo aquí una pequeña bolsa de tela, y desde aquel día hasta hoy, esa cruz está conmigo. Y cuando me viene un mal pensamiento contra cualquier persona, la mano la llevo aquí, siempre. ¡Y siento la gracia! Siento que me hace bien. Cuánto bien hace el ejemplo de un sacerdote misericordioso, de un sacerdote que se acerca a las heridas…”.

Un secreto que Francisco mantuvo durante varias décadas.


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